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Clínica Ambulatoria

Esmeralda Integral Clinic

Esmeralda Integral Clinic ofrecemos un tratamiento externo de adicciones completo y eficaz, pensado para aquellas personas que buscan la abstinencia y solución al problema adictivo sin necesidad de un tratamiento residencial o de ser internado. Contamos con un equipo profesional multidisciplinario conformado por médicos y psicólogos, consejeros especializados en adicciones. Ofrecemos un tratamiento eficaz e individualizado y sobre todo a la medida del paciente según la condición y elementos que cuente.

Esmeralda Integral Clinic esta ubicada en el Estado de México, Naucalpan de Juárez, Ciudad Satélite, Brindando como objetivo el establecer un diagnóstico real, veraz y asertivo, Dando orientación sobre la mejor manera de abordar la adicción ofreciendo un tratamiento no residencial de las conductas adictivas, con un modelo de tratamiento  100% Ambulatorio.

Modelo de Tratamiento

Nuestro tratamiento multidisiplinario es utilizado con el fin de lograr una abstinencia. Los tratamientos se llevan a cabo con una intervencion profesional y de caracter ambulatorio, este va dirigido a quienes el consumo aun no afecta de una manera considerable su entorno

Paso 1

Valoración psicoterapéutica especializada en Adicciones.

El propósito de este primer acercamiento con el especialista en adicciones es, para evaluar y diseñar un plan de tratamiento individualizado, personalizado y multidisciplinario el cual forman parte todos nuestros especialistas en adiciones en sus diferentes sub especialidades médicas y psicológicas.

De igual manera esta encargada de fomentar el cambio a través de las terapias conductuales. Que ayudan a las personas que están bajo tratamiento de adicción a modificar sus actitudes y comportamientos relacionados con el consumo de drogas.

Como resultado, los pacientes son capaces de afrontar situaciones de estrés y varios factores desencadenantes que podrían causar otra recaída. Este tipo de psicoterapia también aumentar la eficacia de los medicamentos y ayudar a que el paciente continúe con el tratamiento sostenido.

Paso 2

La función del medico psiquiatra especialista en adicciones como profesional médico de la salud, tiene el papel fundamental de:

  • Evaluar los signos y los síntomas.
  • Hacer la recomendación de solicitar pruebas complementarias como analíticas y pruebas de neuroimagen.
    Evaluar las repercusiones médicas de las sustancias consumidas.
  • Realizar un diagnóstico fiable de la enfermedad adictiva u otros desordenes emocionales o trastornos psiquiátricos.
  • Definir las actuaciones terapéuticas más eficientes y de forma individualizada de cada paciente, según su momento evolutivo.

¿El consumo de drogas causa trastornos mentales o los trastornos mentales?
Las drogas y las enfermedades mentales con frecuencia coexisten. En algunos casos, trastornos mentales como la ansiedad, la depresión o la esquizofrenia pueden surgir antes de la adicción; en otros casos, el consumo de drogas puede desencadenar o empeorar esos trastornos de salud mental, particularmente en las personas que tienen ciertas vulnerabilidades específicas.
Algunas personas con trastornos como ansiedad o depresión pueden consumir drogas para intentar aliviar los síntomas psiquiátricos, lo cual con el tiempo puede exacerbar el trastorno mental y aumentar el riesgo de crear adicción.
El tratamiento de todos los problemas coexistentes debe ser simultáneo.

¿Qué partes del cerebro AFECTA EL CONSUMO DE DROGAS?
Las drogas pueden alterar zonas importantes del cerebro que son necesarias para funciones vitales y pueden impulsar el consumo compulsivo que identifica a la drogadicción. Las zonas del cerebro afectadas por las drogas incluyen:
• Los ganglios basales, que cumplen una función importante en las formas positivas de motivación, incluidos los efectos placenteros de actividades saludables como comer, interactuar socialmente o tener actividad sexual, y también participan en la formación de hábitos y rutinas. Estas zonas constituyen un nodo clave en lo que a veces se denomina el “circuito de recompensas” del cerebro. Las drogas generan hiperactividad en este circuito, lo que produce la euforia que se siente al consumirlas; pero cuando la presencia de la droga se repite, el circuito se adapta y disminuye su sensibilidad, lo que hace que a la persona le resulte difícil sentir placer con nada que no sea la droga.

  •  La amígdala extendida cumple una función en las sensaciones estresantes como la ansiedad, la irritabilidad y la inquietud, las cuales son características de la abstinencia una vez que la droga desaparece del sistema y motivan a la persona a volver a consumir la droga. A medida que aumenta el consumo de la droga, este circuito se vuelve cada vez más sensible. Con el tiempo, una persona con un trastorno por el consumo de drogas no las consume ya para lograr un estado de euforia sino para aliviar temporalmente ese malestar.
  • La corteza prefrontal dirige la capacidad de pensar, planificar, resolver problemas, tomar decisiones y controlar los propios impulsos. Esta es también la última parte del cerebro en alcanzar la madurez, lo que hace que los adolescentes sean los más vulnerables. Los cambios en el equilibrio entre este circuito y los circuitos de recompensa y de estrés de los ganglios basales y la amígdala extendida hacen que una persona que sufre de un trastorno por el consumo de drogas busque la droga en forma compulsiva y tenga menos control de sus impulsos. Algunas drogas, como los opioides, también afectan otras partes del cerebro, tal como el tronco del encéfalo, que controla todas las funciones indispensables para la vida, entre ellas la frecuencia cardíaca, la respiración y el sueño, lo que explica por qué las sobredosis pueden reducir sustancialmente la respiración y causar la muerte.

Paso 3

Grupos psicoterapéuticos y ayuda mutua

A través de los grupos terapéuticos 2 0 3 veces por semana el paciente, adquiere herramientas y habilidades sociales, Las sesiones de grupo fomentan la recuperación temprana a través de temas específicos orientados todos en adiciones.

A través de las sesiones semanales se les motiva a los pacientes a que participen activamente en programas de 12 pasos de apoyo mutuo. Los programas de 12 pasos, como el de Alcohólicos Anónimos o Narcóticos anónimos, no son tratamientos médicos, sino que ofrecen apoyo social y complementan el tratamiento médico, promoviendo la aceptación, entrega y participación activa en la recuperación típicas de los programas de 12 pasos.

Alcoholismo y adicción a drogas: La práctica regular de actividad física no competitiva y especialmente la práctica de yoga disminuye la ansiedad de consumo (“craving”), mejora el estado físico en general, aumenta la capacidad de concentración y relajación, disminuye las conductas automáticas e impulsivas y favorece el cambio hacia un estilo de vida saludable, siendo una  herramienta importante en la prevención y tratamiento de adicciones (Lohman, 1999; Nespor 1993, 1994, 2000, 2001).

 

YOGA Y TRATAMIENTO DE ADICCIONES

De acuerdo al Manual de Diagnóstico Psiquiátrico DSM IV-R de la American PsychiatricAssociation (A.P.A., 2002), la dependencia a sustancias (adicción)  es un trastorno que, para ser diagnosticado, debe cumplir con al menos 3 de los 7 siguientes criterios:

  1. Cada vez menor efecto con la misma dosis de la sustancia o necesidad de aumentar   la dosis para obtener el mismo efecto. (Tolerancia).
  2. Sensación de malestar agudo cuando no se accede al consumo. (Abstinencia).
  3. Consume más cantidad o por mayor tiempo que el que se proponía.
  4. Pérdida de control respecto al consumo.
  5. Usa gran parte de su  tiempo en procurarse la sustancia.
  6. Pérdida de intereses alternativos.  
  7. Continuar el consumo incluso pese a la evidencia de las consecuencias dañinas.

Además de las adicciones a tóxicos hay un gran número de conductas adictivas que, por su normalización social, resultan menos visibles que las adicciones a drogas ilegales e incluso las legales -como el tabaco, el alcohol, somníferos, etc.-, teniendo  manifestaciones psicológicas similares que las adicciones a drogas -deseo intenso, pérdida de control, etc.-  y un efecto a veces tan pernicioso como el de las toxicomanías. Tal es el caso de la adicción al trabajo, el juego compulsivo, la adicción a las computadoras, las relaciones adictivas, la compulsión a comprar, etc. No resulta difícil ver, en este sentido, que nuestra cultura occidental dominante influida fuertemente por el modelo económico neoliberal, favorece la emergencia de conductas compulsivas al presentar el consumo -de objetos, experiencias, cultura, personas, espiritualidad- como la manera más aceptada de participación en el sistema social y de obtener un sentido de pertenencia e identidad (Fromm, 1992; Moulián, 1997).

La práctica regular de asanas, pranayama y relajación profunda, usualmente integradas en un marco mayor de tratamiento, como en el caso del Centro Takiwasi, induce a la transformación gradual de cada uno de los  criterios diagnósticos arriba mencionados en sus opuestos: Libertad, aumento de la sensibilidad, aumento de la sensación de bienestar, aumento del auto-control, integración de nuevos intereses a la propia vida, y cultivo de actitudes de auto-cuidado.

La persona que está sujeta a una sustancia para mantener un nivel mínimo de funcionamiento sabe que ha perdido su libertad. Su fuerza de voluntad está mermada, y con ella su autoestima y sensación de autocontrol. El adicto se vuelve irresponsable consigo mismo y con su entorno porque no siente que tiene control sobre sí mismo ni sobre su ambiente. Además, al momento en que un adicto llega a un programa de rehabilitación a menudo ya se ha prometido decenas o cientos de veces a sí mismo y a otros que lo va a dejar, sin lograrlo. Esto le da la sensación de impotencia y desesperanza aprendida.

A lo largo de la sesión de yoga, la instrucción fundamental es la de estar presente y atento al propio cuerpo, al flujo de la respiración y a los movimientos de la mente -pensamientos, imágenes, emociones, etc.-. Por supuesto que en un principio resulta difícil, sin embargo poco a poco el paciente es capaz de comenzar a apreciar y discriminar las sensaciones placenteras y displacenteras que experimenta en su cuerpo, el cual, hasta ahora, era un terreno ajeno y desconocido, muchas veces rechazado por la tiranía que le impone con su demanda de droga. En la adicción, cuerpo y mente no sólo están separados, sino que en combate.

A medida que el paciente comienza a conocer su cuerpo, identificando grupos de músculos que ignoraba que tenía, o investigando experiencialmente la mecánica de sus articulaciones, comienza a entender su cuerpo y lo que éste necesita. Los ejercicios practicados regularmente en la sesión de yoga de manera lenta y conciente, comienzan a desarmar los automatismos y poner conciencia en su lugar. La persona poco a poco es capaz de escuchar la voz de su cuerpo que estuvo silenciada por tanto tiempo.

Al reencontrarse con su cuerpo, el paciente comienza a darse cuenta de que no necesita complacerlo de inmediato en sus demandas, y que  a veces vale la pena hacer un poco de esfuerzo disciplinado para obtener al final de la práctica una sensación de relajación y bienestar profundos. Una constante en estos dos años, ha sido que los pacientes que recién ingresan al programa en general se quejan de la exigencia de las asanas que practicamos en la clase de yoga, sin embargo practican aun con más motivación a la siguiente clase. Al preguntarles por qué practicaban con tantas ganas pese a lo difícil de las posturas, la mayoría responde: “porque después te sientes muy bien, tienes mejor apetito, y se duerme excelente”. Incluso varios de ellos comenzaron a participar en prácticas voluntarias de fin de semana de Ashtanga Yoga, con un alto nivel de exigencia física.

A medida que se comprende el valor del esfuerzo justo, el paciente va descubriendo nuevas posibilidades de obtener un placer sano y legal consigo mismo a través  de las sensaciones agradables de los estiramientos, de una respiración profunda y serena, e incluso de poder hacer posturas con su cuerpo que son estéticamente bellas. Gradualmente comienza a transformarse la imagen que él tiene de sí mismo, desde afuera hacia dentro.

Un momento que grafica bien este cambio se da cuando, al segundo o tercer mes de práctica, el paciente se da cuenta de que es capaz de tocar los dedos de sus pies con sus manos sin flexionar sus rodillas en Uttanasana (ver apéndice). Lo que ocurre generalmente es que cuando logra hacerlo el rostro del paciente se ilumina y sonríe, como alguien que recibe un regalo que no esperaba, y durante  la siguiente semana uno lo ve a cualquier hora del día tocando sus pies con la flexibilidad recién descubierta. A través de este tipo de pequeñas satisfacciones, el paciente se ve ahora más motivado a seguir descubriéndose a sí mismo, disfrutando del poder y confianza que le confiere el nivel de control que ha ganado sobre su experiencia y disminuyendo las conductas automatizadas que antes lo gobernaban. Estos gestos aparentemente insignificantes constituyen un paso importante para quien maltrató su cuerpo por largos años.

De un  modo complementario a lo dicho sobre el cuerpo, la voz de la mente, el “mono ebrio” que describía Swami Niranjananda, poco a poco comienza a abrir espacios de silencio donde el paciente encuentra paz. El discurso agotador de proyecciones futuras, y de arrepentimiento e insatisfacción en relación al pasado de pronto da paso al silencio, cuando el paciente comienza realmente a estar presente en la postura y la respiración. Muchos de los pacientes con que trabajamos recuerdan sólo haber experimentado este tipo de silencio mental –y la paz consiguiente- a través de la fuga de la droga. Muchas veces lograr esa experiencia ha sido la motivación principal para el consumo. Tal vez un paciente logre este estado sólo por un instante en las primeras prácticas, pero eso no debe desanimarnos. Lo importante es que la persona ya cuenta con la experiencia de libertad y tranquilidad mental que puede obtener sin ningún estímulo externo. El paciente ya sabe que lo que buscaba afuera en realidad está en él, y esto lo anima a seguir en la práctica y en su tratamiento.

Este proceso de reconocimiento y valoración de lo que posee en sí mismo, es precisamente el polo opuesto al síndrome de tolerancia, el cual implica una necesidad en aumento continuo de la sustancia, ampliando patológicamente los límites del propio cuerpo. Así, por ejemplo, la cantidad de droga que se inyecta un consumidor adicto a la heroína  sería una dosis letal para una persona que no la consume regularmente. Interesantemente,  el paciente adicto se caracteriza psicológicamente por poseer una personalidad demandante, succionadora, según la cual siempre tiene que haber un otro que satisfaga las propias necesidades materiales y afectivas. Estas necesidades no sólo no se acaban nunca sino que van en aumento. Del lado complementario de la moneda, usualmente hay algún familiar o pareja dispuesto a dar sin límites, función análoga  a la del proveedor de la droga, manteniendo el circuito relacional que sustenta el consumo. El familiar que está enganchado en esta dinámica  se vuelve co-dependiente: el adicto depende de la droga, y el familiar depende del adicto.

Cuando al final de la serie de asanas practicamos savasana (ver apéndice), la postura del cadáver para la relajación final, hacemos un recorrido de la atención por todo el cuerpo, llevando nuestra respiración y conciencia a cada parte, deteniéndonos especialmente en los órganos internos –hígado, riñones, pulmones, corazón, etc.-, tomando conciencia de su funcionamiento preciso,  enviando nuestra gratitud hacia ellos por su trabajo incansable y comprometiéndonos a cuidarlos de ahora en adelante. Esto favorece en el paciente el reconocimiento de lo que ya hay y funciona, en vez de estar focalizado en lo que falta o no funciona.

En estos dos años he notado que un paso fundamental en los pacientes ocurre cuando en su discurso aparecen menos pedidos y más agradecimientos, lo cual regularmente no se da sino hasta el quinto o sexto mes de tratamiento. Por eso al final de la sesión de yoga, luego de entonar tres veces la sílaba sagrada “Om”, tomamos un minuto para agradecer en silencio por tener un cuerpo y una mente sanos, de contar con compañeros de práctica y de tratamiento, y de poder compartir este momento sagrado.

Al disminuir la tolerancia aumenta la sensibilidad de la persona, refinando su percepción y su motivación desde la búsqueda de estímulos más gruesos -sexo, dinero, fama, etc.- a otros más sutiles -amor altruista, conocimiento, felicidad, etc-. Estos estímulos más sutiles pueden ser de orden espiritual, y es un objetivo deliberado del tratamiento de Takiwasi y de la práctica del Yoga el contacto experiencial del paciente con esta dimensión espiritual en sí mismo de acuerdo a como la signifique cada uno: Naturaleza Buda, Cristo Interno, Atman, etc.

A medida que el paciente avanza en su práctica de yoga, coherentemente va aumentando su sensibilidad, su sensación de bienestar, su autocontrol y autovaloración, cultivándose el  deseo natural de cuidarse y mantenerse bien. Es común en esta etapa que el paciente espontáneamente comience a mostrar un cultivo de la moderación y de un estilo de vida general mas sano. Muchos de ellos cambian sus hábitos alimenticios y sus rutinas diarias. Los pacientes que continúan practicando yoga luego de terminar su proceso de internación, encuentran en su práctica un recordatorio corporal (anclaje) que les conecta a todo lo vivido y aprendido en el proceso de internamiento, a la vez que acceden a una red de apoyo social particular, usualmente conformada por personas interesadas por el cultivo de un estilo de vida saludable, y que generalmente rechaza el consumo de drogas.

Por último, cabe señalar que la práctica de yoga puede ser una alternativa excelente para los familiares del paciente, quienes usualmente han vivido bajo un estrés emocional importante y a veces llevan una vida tan difícil e impredecible como el propio adicto. El yoga puede ayudarles a recuperar la capacidad de descansar y recuperar vitalidad perdida (Nespor, 2001).

90 Días

de tratamiento

50% Paciente

50% Familia

Tratamientos ambulatorios

95% de efectividad frente a otro tipo de tratamientos

Tratamiento Especializado para Adolescentes

Somos una clínica ambulatoria en donde tratamos a pacientes adolescentes brindándoles un tratamiento especializado e individualizado para cada paciente, Así también, ofrecemos ayuda a niños y jóvenes adolescentes rebeldes que tienen problemas de conducta.

Durante la adolescencia es normal que los jóvenes se tornen rebeldes, pero hasta cierto punto. Ya que es una etapa llena diversos cambios físicos, biológicos, psicológicos, sexuales y sociales por los cuales el adolescente se encuentra muy confundido.

Conociendo lo anterior, es muy importante que los padres o tutores de un menor estén atentos a que no se exceda el punto de tolerancia de la rebeldía, pues los malos comportamientos que tengan los adolescentes en esta edad podrán repetirlos el resto de su vida.

tratamientos ambulatorios para jovenes

Adicciones y patologías que Tratamos

tratamientos ambulatorios para adiccion a la marihuana
Marihuana

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Cocaina

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Alcohol

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Farmacos

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Metanfetaminas

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Ludopatía

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Codependencia

clínica ambulatoria para la depresión
Depresión

Intervención

clínica ambulatoria intervención

El concepto de intervención se basa en la idea de que la adicción e una enfermedad que puede deteriorar la vida de la persona que la sufre, así como en la realidad comprobada de que esta enfermedad responde bien al tratamiento adecuado, lográndose así detener la adicción y promover la recuperación.

Como la negación es parte del proceso enfermo las intervenciones deben ser planeadas de manera que sean efectivas y puedan lograr los resultados esperados.

Este tipo de abordaje terapéutico tiene una efectividad de éxito del 95%

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Nosotros podemos ayudarte, no lo pienses más, estamos contigo!




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